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Discurso de Apertura al Capítulo Regional – Superior General Hno. Jesús Etayo

 

CAPÍTULO REGIONAL DE AMÉRICA LATINA

DISCURSO DE APERTURA

Hno. Jesús Etayo

Rionegro (Antioquia – Colombia), 29 de enero de 2018

 

  1. Introducción

Deseo hacer llegar a todos mis saludos fraternos, a este Capítulo Regional, a los Capítulos Provinciales de las tres Provincias de la Orden en América Latina y al Capítulo de la Delegación General de México, Cuba y América Central. También mi saludo a los hermanos y colaboradores presentes de la Delegación Provincial de Brasil. A todos los hermanos, a los colaboradores que asisten a este Capítulo, a todos los que nos acompañaréis y ayudaréis estos días para el buen funcionamiento del Capítulo, mi más calurosa bienvenida y mi deseo sincero de que todos podamos vivir una experiencia rica, fraterna y hospitalaria, que marque con esperanza el proceso evangélico del futuro de nuestra querida Orden en América Latina.

Es la primera vez que las Provincias de América Latina realizan un Capítulo Regional. De acuerdo con los Superiores Provinciales y el Delegado General se decidió realizar en 2018 el Capítulo Regional, después de que durante tres años toda la Región haya realizado un proceso de Reconfiguración, teniendo como objetivo fundamental el discernimiento acerca del futuro de la Orden en América Latina, a la luz de la realidad que vive nuestra Institución y tal como la propia Iglesia nos recomienda. Quiero desde el inicio, agradecer a las diferentes comisiones y grupos de trabajo que han impulsado y animado este proceso y en general a todos los hermanos y colaboradores que han participado, porque se que ha significado un importante esfuerzo en todos los sentidos, teniendo en cuenta además las distancias que existen en el continente. Gracias a los Hermanos Provinciales y sus equipos, a todo el grupo del Plan Pasar que han animado el proceso, al Dr. Xavier Pomés y todo el equipo que ha animado, junto con la empresa Mckinsey, el trabajo relativo a la misión y gestión de las Obras Apostólicas. El trabajo realizado y los documentos producidos serán una guía muy importante para el desarrollo de este Capítulo.

  1. Construyendo el futuro de la Orden en América Latina: Una experiencia de discernimiento espiritual.

 Este es el tema que hemos propuesto para la celebración de todos los Capítulos Provinciales de la Orden y como sabéis será también el tema central del próximo Capítulo General de 2019. Como dicen las Constituciones “El Capítulo Provincial (…) es el órgano extraordinario de gobierno de la Provincia; en él se manifiesta, de forma especial, la unión de las diversas comunidades locales entre sí y con toda la Orden” (90a). Es por tanto un acontecimiento central para la vida de las Provincias donde el principal objetivo debe ser evaluar e impulsar el carisma y la misión de la Orden en la Provincia, según el espíritu de San Juan de Dios.

Sobre todo, el Capítulo Provincial es un tiempo del Espíritu y por eso es, por encima de todo, un espacio espiritual. Nuestra tarea fundamental durante estos días es escuchar al Espíritu, a través de la reflexión, del diálogo, la deliberación, el discernimiento y el encuentro con Dios en la oración.

“Es tiempo para escuchar al Señor que nos habla a través de los signos de los tiempos. Es tiempo de escucha recíproca y por tanto de apertura a todo lo que el Señor nos comunica mediante los hermanos. Es también tiempo de confrontación serena y sin prejuicios entre las ideas y proyectos propios y los de los demás. Todo ello requiere una apertura de mente y corazón. En este sentido, el Capítulo es un tiempo propicio para ejercitar el espíritu del éxodo y de la hospitalidad: salir de sí mismo para acoger con gozo la parte de verdad que el otro me comunica y juntos caminar hacia la verdad plena, la única que nos hace libres (cf. Jn 8,32) … (El Capítulo es tiempo para) Escuchar a los hermanos y compartir con ellos… No cansaros de ejercitaros continuamente en el apostolado de la escucha y del compartir”[1]. Quiero aplicar aquí el término “hermanos” en sentido genérico que incluye también a los colaboradores.

Para conseguir todo ello es necesario crear y entrar en un verdadero clima de discernimiento según las propias palabras del Papa Francisco, con el fin de escuchar y seguir aquello que el Espírtu del Señor nos pide en este momento histórico de nuestra vida y de nuestra Orden en la Región:

“Es necesario mantener un clima de discernimiento, para reconocer lo que pertenece al Espíritu y lo que le es contrario. Delante de nosotros se abre un mundo de posibilidades. La cultura en la que estamos inmersos nos las presenta todas como válidas y buenas, pero si no queremos caer víctimas de la cultura del zapping y, a veces, de una cultura de muerte, debemos incrementar el habitus del discernimiento, formarnos y formar para el discernimiento. No cansaros de pedir personalmente y comunitariamente: ¿Señor, ¿qué quieres que haga?, ¿qué quieres que hágamos?”[2].

La Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y Sociedades de Vida Apostólica dice en relación con el discernimiento en los Capítulos:

“No sería prudente relegar el discernimiento a los horizontes privados de los capitulares, como si el capítulo fuera una obra en solitario. Se trata de <ponerse en contacto con el paso del Espíritu> y esto significa <escuchar lo que Dios nos está diciendo dentro de nuestras situaciones> de la Provincia… El discernimiento logra ver detrás de cada rostro, de cada historia, de cada situación una oportunidad, una posibilidad. Es bueno no olvidar que el capítulo general, (provincial y regional) es el lugar de la obediencia personal y coral al Espíritu Santo. Esta escucha dócil se invoca doblando inteligencia, corazón y rodillas en la oración”.[3]

Somos llamados a crear y a vivir este ambiente de discernimiento, poniendo el acento especialmente sobre cómo ir construyendo el futuro de nuestra Orden en América Latina, una llamada permanente, que nos hace la Iglesia y los signos de la realidad que vivimos en la actualidad.

El Capítulo es una llamada a construir el futuro poniendo las bases en lo que son sus cimientos profundos: en las raíces del Evangelio de la hospitalidad y en las raíces de nuestro Fundador. Como a lo largo de la historia de nuestra Institución han hecho tantos y tantos hermanos y colaboradores, nuestra responsabilidad es mantener vivo y renovado el carisma de la hospitalidad haciéndolo vivo y actual a través del tiempo, de acuerdo con los signos de los tiempos y a la realidad concreta que nos toca vivir. Esto no podemos perderlo de vista nunca. Ciertamente cómo hacerlo, dónde, con qué medios y con qué estructuras y estrategias también es importante y requiere el necesario discernimiento para tomar las decisiones más acertadas.

Como he dicho otras veces, la realidad que nos toca vivir requiere respuestas y decisiones audaces ante los desafíos que se nos presentan. Los tiempos han cambiado y nuestras respuestas deben ser distintas. Por eso el Gobierno General viene impulsando e invitando a toda la Orden a realizar procesos de deliberación y discernimiento para afrontar el futuro. En América Latina las Provincias y Delegaciones acogieron enseguida la invitación e iniciaron este proceso cuyo momento culminante es este Capítulo Regional. Llega el momento de decidir, porque los procesos de deliberación y discernimiento no son infinitos. Pero falta este momento esencial y todos debemos agradecer a Dios la oportunidad de participar en él y al mismo tiempo todos hemos de sentir la responsabilidad de hacerlo con este espíritu de discernimiento del que estoy hablando. ¿Qué quiere el Espíritu del Señor que hagamos para ser fieles al carisma de la hospitalidad hoy? ¿Cómo quiere el Espíritu del Señor que la Orden en América Latina continue realizando la misión de la hospitalidad, según el estilo de San Juan de Dios para este momento histórico? A estas y a otras preguntas hemos de responder estos días, de modo que la Orden en la Región salga fortalecida de este Capítulo, impulsada por la fuerza del Espíritu, con los criterios y las líneas guía claras para afrontar su próximo futuro.

  1. Un Capítulo Regional

Hemos decidido realizar un Capítulo Regional en América Latina. Dadas las circunstancias así lo creímos conveniente de acuerdo con los Superiores Provinciales y Delegados. Si hoy a la Vida Consagrada se nos pide la colaboración entre los Institutos, con más razón dentro de la propia Orden. Sobre todo, tiene sentido cuando las Provincias y Delegaciones estamos abordando un mismo tema tan importante como el del futuro de la Orden en la Región. Como ya he dicho se ha hecho un buen camino regional durante los tres últimos años y es necesario que lo culminemos también de manera regional.

Desde el principio dijimos que era un proceso de discernimiento, aquí lo habéis llamado de reconfiguración, y las decisiones lógicamente se tomarían al final del mismo. Ahora tenemos delante de nosotros el fruto del trabajo realizado y algunas propuestas que iremos estudiando y decidiendo desde ese espíritu de discernimiento que acabo de indicar.

En este Capítulo especialmente todos hemos de ser generosos y abiertos, presentando con honestidad nuestras ideas y estando abiertos a las de los hermanos y colaboradores, con el único objetivo de ser fieles a lo que nos pide el Espíritu, al carisma y a la misión de la Orden. Creo que nos equivocaríamos si analizamos las cosas solo con argumentos de tipo racional, técnico, funcional o instrumental. Lo que decidamos debe ayudarnos a reforzar e impulsar nuestra vida consagrada y su misión, a vivirla con más pasión y más gozo, superando la resignación y el fatalismo en el que muchas veces caemos. Dice el Papa Francisco:

“La evangelización, cuando se está convencido de que Jesús es la Buena Noticia, es gozo y alegría para todos. Este gozo aleja de nosotros el cáncer de la resignación, fruto de la pereza que seca el alma. ¡Por favor, hermanos resignados no! Gozosos. Pero el diablo dirá: Somos pocos, no tenemos vocaciones… Y así se alarga y se baja la cara, abajo, abajo, abajo… y se pierde el gozo, y terminamos resignados. No, no se puede vivir así: la esperanza de Jesúcristo es gozosa. Os animo también a ser profetas de esperanza, con los ojos vueltos al futuro, allí donde el Espíritu empuja, para continuar haciendo con vosotros cosas grandes. San Hilario de Poitiers se hacía esta pregunta: ¿Dónde está, oh cristiano, vuestra esperanza?… Solo la esperanza nos permite caminar en la senda de la vida, solo ella nos hace capaces de futuro. Jesucristo es nuestra esperanza, en Él hemos puesto nuestra confianza y con la fuerza del Espíritu Santo podemos ser profetas de esperanza”[4].

Solo desde estas premisas podemos y debemos mirar al futuro. Desde el empeño de cada uno por apostar por vivir nuestra consagración en hospitalidad con pasión, con entusiasmo, en plenitud, más allá de la edad y de las circunstancias. Es esencial que todos tomemos conciencia de la necesidad de realizar este viaje a nivel personal primero y también a nivel comunitario e institucional. Sin ello lo que hagamos tendrá el peligro de ser superficial, una capa de barniz que pronto se irá, una semilla sembrada que caerá en terreno pedregoso o de zarzas, que pronto se ahogará. Si existen religiosos convencidos, entusiasmados con su vocación y disponibles a darlo todo por el Señor, habrá futuro, no tengamos duda. Si existen comunidades hospitalarias abiertas, acogedoras, disponibles, que dan testimonio de su consagración a Dios en hospitalidad con su ejemplo, habrá futuro y podremos presentar modelos renovados de vivir la vida consagrada. Si existe una institución que sigue el espíritu de San Juan de Dios, sensible y atenta a las necesidades de los demás y que vela cada día por testimoniar sus señas de identidad, habrá futuro sin duda. Porque la Orden y su misión, no son en sí mismas las estructuras. A través de ellas llevamos adelante la misión, pero sin ellas la hospitalidad seguiría siendo nuestra misión que seguro se podría realizar de otras formas y con otros modelos igualmente válidos.

Lo importante no son las estructuras ni las obras, sino el carisma, el espíritu que las guía y los testigos que cada día la hacen vida. San Juan de Dios empezó solo y de la nada. San Benito Menni, cuyo 150 aniversario de su llegada a España, y posteriormente a América, acabamos de celebrar, vino solo, en medio de una complicadísima situación social, política y religiosa. Hay otros muchos ejemplos que podríamos poner. ¿Dónde estuvo su fuerza fundadora y restauradora para la creación de futuro? Sobre todo, en su fe y esperanza en el Señor, en su convicción del proyecto que Dios ponía en sus manos, en el don de la hospitalidad que recibieron y lo vivieron con toda profundidad. Junto a ello sus capacidades personales y otras circunstancias, pero nada hubiese sido posible sin lo primero. El futuro, nos enseña también nuestra historia, esta ahí, en vivir con gozo y esperanza, con pasión, audacia y fe nuestra consagración, nuestra vocación. Ahí está fundamentalmente nuestro futuro.

Después hay otras muchas cosas que hemos de plantearnos y lo haremos estos días con esa perspectiva de fondo. También son importantes en este sentido las estructuras y hemos de preguntarnos: ¿Qué estructura, qué organización quiere el Espíritu del Señor para nuestra Orden en la Región en el futuro? Sobre ello también debemos discernir y decidir a partir de algunas propuestas que serán planteadas. Solo diré de nuevo que los argumentos a valorar no deben ser solamente instrumentales. Debemos ver qué organización y estructura de la Orden en la Región será la más adecuada para responder a las necesidades que el carisma y la misión de la Orden nos plantean. Debemos ver a nivel personal de los religiosos y a nivel comunitario qué organización nos puede permitir vivir y ofrecer un modelo de vida consagrada hospitalaria que conecte con el mundo de hoy y sea testimonio de la hospitalidad que profesamos. Debemos discernir, contando con nuestros Colaboradores, qué organización nos ayuda más a crecer como Familia Hospitalaria de San Juan de Dios y a realizar nuestra misión en la Iglesia y en nuestra sociedad de acuerdo con las necesidades actuales y con la identidad y valores que debemos promover. También a nivel de nuestras Obras Apostólicas y de la gestión y adminitración de las mismas.

Son temas claves para nuestra vida que queremos tratar en este Capítulo Regional. No queremos que sea un Capítulo más. No nos lo podemos permitir. Es el momento. Es la hora de escuchar qué se nos pide y decidir lo qué estamos dispuestos a responder con generosidad y radicalidad carismática y profética. Es un Pentecostés que nos debe traer fuerza y aire nuevo, esperanza y novedad. Vivimos tiempos nuevos, necesitamos odres nuevos, respuestas nuevas, enraizados en los fundamentos que nos identifican. ¡Seamos audaces con firme fe y esperanza! Entremos sin miedo en el Capítulo, de la mano del Espíritu del Señor y de San Juan de Dios! 

  1. Recorriendo el camino de la Hospitalidad con San Juan de Dios

Vivimos una situación de cambio a todos los niveles en el que la Orden esta llamada a renovar, actualizar y configurar el carisma y la misión de San Juan de Dios, recorriendo el camino que nos toca vivir con audacia y esperanza, acompañados de San Juan de Dios, el cual también realizó su propio camino hasta descubrir el don que el Señor le regaló y la misión a la que le llamó. Un camino espiritual, que hizo con la ayuda de San Juan de Ávila. Un camino que impactó a mucha gente y que abrió una vía alternativa de servicio y hospitalidad con los más frágiles de la tierra, que sigue viva hoy y que nosotros estamos llamados a actualizar con los modos y los medios propios del mundo que nos toca vivir.

Recorrer un camino significa salir a otro lugar, dejar la propia casa. Significa salir de uno mismo para ir hacia los demás con un espíritu de éxodo y de hospitalidad como decía antes. Es la primera actitud fundamental que tanto nos repite hoy el Papa Francisco: una Iglesia en salida, una Orden en salida, un Hermano y un Colaborador en salida[5].

Juan de Dios salió de sí mismo en búsqueda: “Mi voluntad es de buscar a donde sirva a nuestro Señor… que yo confío en mi Señor Jesucristo que me dará su gracia para que este deseo lo ponga muy de veras en ejecución “[6]. El camino de búsqueda no siempre es fácil, se encuentran dificultades y a veces no se ve claro: “No veía el camino que nuestro Señor había de darle para servirle… andaba triste y no tenía sosiego ni reposo ni le daba contento ya el guardar las ovejas”[7]. Se dirigía al Señor: “Pedía siempre a nuestro Señor muy de corazón y con lágrimas que le encaminase en lo que le había de servir: <y así os suplico cuanto puedo, Señor mío, tangáis por bien de enseñarme el camino por donde tengo de entrar a serviros>” [8].

Todos conocemos como el Señor se le fue manifestando. No fue sencillo, pero él lo pedía de corazón y el Señor buscó el momento y puso a las personas para ayudarle no solo a descubrir su vocación si no también a poner en práctica la misión a la que fue llamado.

Este camino de discernimiento lo vemos también en Juan de Dios cuando aconseja a otros, como el caso de Luis Bautista: “En fin, esto Dios sabe qué es lo mejor y dónde está la verdad. Po lo cual creo preferible que, antes de dejar el lugar donde estáis, lo encomendéis mucho a nuestro Señor Jesucristo y que yo haga aquí otro tanto” (LB 6-7). Y es que por experiencia sabía que servir a Jesucristo en sus pobres suponía realizar un camino nada fácil y por eso a quien deseaba vivir con él y cómo él, se lo recordaba con palabras sencillas diciendo que era necesario estar dispuesto a vaciarse de sí mismo “dejar el cuero y las correas”, superar las dudas e inseguridades y le invitaba a ser consciente de las propias debilidades y flaquezas. Era necesario hacer un proceso de conocimiento e intimidad con Jesucristo que lo motivara a la imitación de su entrega en el amor a Dios y al prójimo. Nada de medianías.[9]

Nosotros también estamos en búsqueda, se nos llama a salir de nosotros, de nuestras posiciones, de nuestra casa, para ir allí dónde el Señor nos manda. Como Juan de Dios seguramente no vemos claro ni fácil el camino, pero como él hemos de encomendárselo mucho al Señor para que Él tenga a bien enseñarnos el camino y el proyecto que la Orden ha de seguir en América Latina. Lo hemos de hacer con el convencimiento de que nuestro Fundador nos acompaña en este proceso y que cómo a él, también a nosotros se manifestará su voluntad. Para ello es necesario que nuestro dicernimiento y nuestra oración, el diálogo y la reflexión, en definitiva, todo lo que hagamos esté imbuído de lo que le pedía a Luis Bautista: lo hagamos con plena disponibilidad a vaciarnos de nosotros mismos, es decir, sin mirar nuestros propios intereses. Con la audacia capaz de superar dudas e inseguridades: ciertamente las hay siempre que se recorre un camino desconocido como es nuestro caso, pero vamos con la esperanza de que Dios nos acompaña. Conociendo nuestras debilidades y limitaciones: las tenemos y seguramente encontraremos en el camino obstáculos o dificultades que nos parecen insalvables, lo cual nos exige ser prudentes, pero no timoratos, nos exige pedir ayuda. Sobre todo, es necesario tener la determinación de vivir fuertemente unidos a Cristo que es donde se fundamenta el sentido de nuestra vida y de nuestra Orden.

Ojalá nos dejemos guiar y acompañar por San Juan de Dios y la experiencia que él vivió. El no quería para nada medianías. Nosotros tampoco. Lo que vamos a tratar estos días exige lo mejor de nosotros mismos porque de ello dependerá el modo de afrontar el futuro de la Orden, el futuro de la experiencia humana y espiritual que San Juan de Dios inició hace casi 500 años. Tengamos siempre cerca su figura y su experiencia, especialmente durante estos días.

  1. Familia Hospitalaria de San Juan de Dios

 “Además de los Hermanos, hay también otras personas que llaman a las puertas de la Orden y se saben agraciadas con el carisma de Juan de Dios. Por eso, hay una apertura nueva hacia la misión compartida, la espiritualidad compartida, como nueva definición de la identidad de la Orden”[10].

“Somos cada vez más conscientes de que el carisma de la hospitalidad al estilo de San Juan de Dios transciende el ámbito de los hermanos que han profesado en la Orden. Se sigue impulsando una nueva visión de la Orden como familia y acogemos, como don del Espíritu en nuestro tiempo, la posibilidad de compartir nuestro carisma, espiritualidad y misión”[11].

Llevamos tiempo insistiendo en esta nueva visión y también la Iglesia nos anima a crecer en ello[12]. En la Orden el rostro de nuestra Familia se viene manifestando desde hace mucho tiempo en la misión, a través de las diferentes actividades y proyectos apostólicos que desarrolla la Orden. Sin embargo, es necesario dar un paso más para compartir con nuestros colaboradores el carisma y la espiritualidad juandediana. En estos aspectos tenemos que dar más pasos y ayudar a crear el ambiente y el espacio necesario para que nuestros colaboradores puedan vivir, sentir y expresar en su trabajo y en su vida el carisma y la espiritualidad de San Juan de Dios. Es un tema clave también para el futuro de la Orden que hemos de abordar e impulsar con urgencia.

Nuestro Capítulo Regional es una ocasión magnífica para avanzar y expresar el sentido de Familia carismática de San Juan de Dios. En este proceso de discernimiento sobre el futuro de la Orden en América Latina es necesario que también los colaboradores participen y disciernan con nosotros. Hermanos y colaboradores hemos de trabajar juntos y hemos de escucharnos e incluso confrontarnos, guiándonos todos por la honesta fidelidad al espíritu de San Juan de Dios, buscando siempre aquello que sea más adecuado para que permanezca el carisma de la hospitalidad juandediana, recordando las palabras del Papa Francisco: “el carisma permanece, es fuerte, la obra pasa. El Instituto es creativo, busca siempre caminos nuevos”[13].

 Conclusión

 Tenemos delante un gran desafío: buscar la voluntad del Señor para que en el futuro la identidad y el carisma de la Orden sigan vivos y fuertes en América Latina. Esta es nuestra responsabilidad, como ha sido la de tantos otros hermanos y colaboradores a lo largo de la historia, que supieron acoger la voz y la luz del Espíritu y nos legaron la mejor versión de la hospitalidad de San Juan de Dios. Ahora nos toca a nosotros. Seamos audaces, estemos atentos, no tengamos miedo, seamos creativos, hagámoslo todo con fe y honestidad, con pasión por la Orden y la Iglesia, sobre todo por las personas enfermas y necesitadas a las que Dios nos envía.

Este Capítulo Regional esta llamado a ser, si tenemos estas actitudes, un momento histórico para la vida de la Orden en América Latina. Me recuerda ahora al Concilio de Jerusalén que nos narra el libro de los Hechos de los Apóstoles[14]. Fue un momento clave para el futuro de la Iglesia, con dos grupos fuertes y confrontados “hubo una gran discusión”, pero todo lo pudieron salvar, porque todos abrieron su corazón y su mente al Espíritu y además de escucharlo se decidieron a seguirlo.

Ojalá que este Capítulo Regional nos permita vivir una experiencia similar. Animo a todos a disponerse a ello, a dejar particularismos, a superar prejuicios, a olvidar ideas fijas, a ser disponibles para cambiar aquello que parecía inamovible, en nombre del Espíritu, de la Iglesia, de San Juan de Dios, de la Orden y sobre todo de los enfermos y necesitados.

Que San Juan de Dios, San Rafael, nuestros santos y beatos y nuestra Madre la Vírgen del Patrocinio, Reina de la Hospitalidad, nos acompañen durante este Capítulo y nos den su bendición para que en los trabajos de estos días descubramos la manera más idónea para la Orden en América Latina, de seguir haciendo presente, vivo y creativo en el futuro, el carisma y la misión que nos legó San Juan de Dios.

[1] Cf. Papa Francisco al Capítulo General de las Discípulas del Divino Maestro. 22 de mayo de 2017 [2] Idem [3] CIVCSVA. A vino nuevo, odres nuevos. La vida consagrada desde el Concilio Vaticano II: retos aún abiertos. Orientaciones.  Ciudad del Vaticano 2017. Nº 50 [4] Cf. Papa Francisco. Idem [5] Papa Francisco. Evangelii Gaudium. 2013. Nos. 20,21,49 [6] Castro. Cap. III [7] Castro. Cap. IV [8] Castro. Cap. VI [9] Cf. Camino de hospitalidad al estilo de San Juan de Dios. Espiritualidad de la Orden. Nº 26 [10] Idem  nº 5 [11] Idem nº 6 [12] CIVCSVA. Identidad y Misión del Religioso Hermano en la Iglesia. Città del Vaticano 2015. Nº 38

“Los religiosos hermanos viven hoy frecuentemente su vocación integrados en familias carismáticas. Muchas de ellas vienen de antiguo, pero han sido profundamente renovadas, al tiempo que aparecen otras nuevas como fruto de la eclesiología de comunión impulsada por el Concilio Vaticano II. Ellas señalan una nueva manera de vivir y construir la Iglesia, un modo nuevo de compartir la misión y de poner en común los diversos dones que el Espíritu reparte entre los fieles. Representan “un nuevo capítulo, rico de esperanzas, en la historia de las relaciones entre las personas consagradas y el laicado” (VC 54).

Los carismas fundacionales nacidos con las Órdenes y Congregaciones religiosas se despliegan hoy como ríos que riegan la faz de la Iglesia y se extienden más allá de ella. A sus orillas llegan fieles de diversos estados y proyectos de vida, para beber en sus aguas y participar en la misión de la Iglesia desde la inspiración y el vigor, siempre renovado, de dichos carismas (Cf CIVCSVA, Caminar desde Cristo 31).

 Laicos y laicas, religiosos, religiosas y sacerdotes se unen en una familia carismática para revivir juntos el carisma que ha dado origen a esta familia, para encarnar juntos el rostro evangélico que revela dicho carisma y servir juntos a la misma misión eclesial, que ya no es solo misión de un Instituto particular.

El religioso hermano encuentra en su familia carismática un entorno propicio para el desarrollo de su identidad. En dicho entorno los hermanos comparten la experiencia de la comunión y promueven la espiritualidad de la comunión, como verdadera sangre que da vida a los miembros de la familia y desde ella se extiende a toda la Iglesia (Cf VC 51). En la familia carismática los religiosos hermanos se sitúan junto a los otros cristianos y en función de ellos. Con ellos son hermanos que construyen una fraternidad para la misión, animada por el carisma fundacional; para ellos son signos de esa misma fraternidad que están llamados a vivir en la vida consagrada”.

[13] Papa Francisco la USG en noviembre 2013. [14] Hechos de los Apóstoles 15,1-20

By | 2018-02-01T14:20:30+00:00 Enero 31st, 2018|Noticias Principales, Pre capítulo|0 Comments

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